Conversación entre Acrishán y Tim

[Fragmento situado en el presente que recoge una conversación entre Acrishán y Tim tras conocer este la leyenda.]

-¿Es triste no? –interrogó el niño, los inteligentes ojos verdes escrutando el horizonte, como si de un momento a otro Ónar fuera a pasar volando ante ellos, todo él un poderoso destello de escamas de ónice.

Acrishán lo miró.

-¿Por qué piensas eso?

El niño se encogió de hombros con timidez.

– porque a ella la envenenan y Ónar vuelve a perder a alguien muy importante para él, porque al final no acaban juntos y todos sufren… -hizo un ligero gesto de disgusto y suspiró.

-sí que acaban juntos –rebatió ella.

El niño la miró con un agudo escepticismo que la hizo sonreír.

-soy pequeño, no tonto, ya me explicarás qué van a hacer un árbol y un dragón… no pueden darse besos y esas cosas-expuso el niño con mirada suspicaz, disimulando la expresión de disgusto ante aquello de los besos.

Acrishán le revolvió cariñosa los suaves cabellos rojizos.

-No siempre las cosas son lo que parecen, ni todo el consuelo que necesita el espíritu reside en el amor físico.

El muchacho la miró sin comprender.

-cuando ellos se… transformaron, cuando toda esa magia les permitió seguir coexistiendo… sus esencias, lo que eran, fueron saliendo poco a poco a la superficie. Ya no eran humanos, y las necesidades de estos se fueron tornando cada vez más lejanas.

 La unión entre sus almas era algo hermoso, basto como el universo y sin embargo sutil como la más leve brisa. Lo que quiero decirte es… que no importaban los cuerpos, el lenguaje que había adoptado la vida para darles forma, pues ellos al fin habían vuelto a encontrarse y el amor había vencido con ellos. 

El chico la miró con los ojos entrecerrados durante un momento, asimilando las palabras, después inclinó la cabeza y sonrió.

 -Entiendo, que al final estaban juntos y eso era lo que ellos querían ¿no?–le dijo.

Acrishán sonrió ante la simplificación y asintió.

Pero en la cara de Tim apareció una expresión desacostumbradamente adulta, como si en su interior algo anduviera inquieto

-Pero… ¿sabes si ocurrió de verdad?…
  la historia, lo de que aún se pueda llamar a Alaine desde el árbol de lago, ¿es cierto? Y Ónar…  ¿sigue vivo?

 Acrishán guardó silencio, finalmente sus ojos enfrentaron los del niño.

-alguien muy sabio me dijo una vez, que las cosas comienzan a ser ciertas cuando nosotros creemos en ellas y que nadie encuentra la muerte, mientras haya alguien que lo recuerde.
 La elección es tuya Tim, eres tú quien decide creer, creer en su lucha y en lo que compartieron. Creer que cuando estás en el lago si le hablas, Alaine puede escucharte y que a veces, cuando estás en la montaña y el aliento del amanecer apenas acaricia la tierra, puedes ver la fugaz silueta de un dragón negro.

El niño la miraba ensimismado, Acrishán sonrió suavemente y se encogió de hombros en una breve disculpa, como si sintiera no poder confirmarle nada.

Tim bajó la mirada pensativo, tomando una decisión, al rato alzó sus  vívidos ojos verdes.

-yo prefiero creer, aunque no se pueda saber de verdad, aunque sea una leyenda, una historia bonita que no pasó…-el chico se dirigió a la mujer, el gesto de la boca terco, la mirada solemne- porque el mundo sería un lugar mejor si esas cosas alguna vez hubieran pasado. Así que yo seguiré subiendo a las montañas al amanecer, por si un día hay suerte y veo al dragón en el cielo y si no…-el chico se encogió de hombros- al menos habré vivido muchos momentos bonitos. Y con los árboles, con Alaine, con ellos también seguiré hablando.

El chico la miró, de pronto algo avergonzado, pensando que ella debía pensar que estaba algo loco y que todo aquello eran niñerías.

La guerrera asintió, sospechando también las dudas del niño.

– Yo hace mucho tiempo también tomé esa decisión –le informó con calidez- y, ¿quieres que te cuente un secreto? –murmuró mirando a los lados, cuidándose de espías imaginarios en aquella cálida tarde- aún no he tenido la fortuna de ver dragones, pero sí que he llegado a hablar con los árboles.

El niño la miró con deleite y Acrishán se puso en pie, con un extraño orgullo inundándole el pecho al ver la férrea y pura ilusión que inundaba los ojos del muchacho.

-Pero no te preocupes, estoy segura de que tú vas a tener más suerte –afirmó ella con un guiño.

Tim la recompensó con una sonrisa brillante, le dio la mano y juntos comenzaron el camino de vuelta al valle.

Published in: on 27 febrero 2010 at 1:54  Dejar un comentario  

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