Visitas inesperadas

 

-¿Entonces esta noche vamos a ir? –preguntó el niño, corriendo alegre entre los árboles mientras regresaban a casa.

La mujer se encogió de hombros.

-Depende del tiempo, de nada nos serviría ir a ver estrellas con el cielo nublado.

Tim la miró.

-jo… pero yo quiero ir-murmuró con ojos tristes-podríamos…

De repente la mujer dejó de escuchar los argumentos del niño: había oído pasos.

Acrishán no cambió su expresión y tampoco desaceleró el paso, pero llevó su mano derecha al cinturón y desenfundó una daga que mantuvo oculta entre los pliegues de la capa.

Tim continuaba parloteando, conformándose con las respuestas vagas que le ofrecía su amiga que por su parte seguía controlando el sonido de las pisadas.

No iban más rápido ni trataban de ocultarse: era poco probable que fuera algún salteador.

La figura de un hombre apareció entonces en medio de camino.

Llevaba armas y ropas de viaje. El polvo cubría en parte el rostro de facciones marcadas y el pelo oscuro, largo.

Acrishán lo escrutó con la mirada, en silencio, con la daga desenfundada aún oculta bajo su capa.

El hombre le devolvió la mirada, observándola a ella y al niño, quien a su vez le miraba con ojos grandes, prendidos de la espada que llevaba en el cinturón.

El extranjero realizó una breve inclinación de cabeza y se dirigió a ellos.

-Saludos, estoy buscando el Valle de Ónar.

Tim abrió los ojos sorprendido ¿Qué habría traído a aquel guerrero a su hogar? Abrió también la boca para contestar pero la cerró sabiamente al notar la mano izquierda de Acrishán posada sobre su hombro.
“No hables –decía esa mano-, aún no”.

La mujer por su parte asintió sin comprometerse.

El hombre la miró, era obvio que desconfiaba de él y la mano derecha de ella había estado oculta desde que se encontraron: era posible que llevara un arma. El guerrero esbozó una sonrisa que no llegó a rozar sus labios y se preguntó con interés si en el caso de que la llevara, sería capaz de usarla.

Suspiró cansado, llevaba mucho tiempo viajando, necesitaba encontrar de una maldita vez aquel lugar. Para recuperar fuerzas, para responder así a la llamada insistente de un ser que no conocía y que sin embargo lo convocaba a su encuentro.

-Me llamo Alénder y vengo de tierras lejanas –explicó el hombre- he sido convocado.

Alénder vio complacido como la aceptación calaba poco a poco en la mirada de la mujer.

-¿Puedo preguntar quién te convoca viajero?

El hombre la miró, porque conocía y no conocía la respuesta a su pregunta.

-Un espíritu antiguo y poderoso, algo que habita en estas tierras y que se presentó ante mí en sueños. Bien podría ser el propio bosque muchacha, aunque sospecho que es algo más concreto…-el hombre perdió su mirada oscura, seria y se quedó en silencio durante un instante, sumido en sus propios recuerdos, al poco continuó- Mis antepasados eran druidas y en mí vive aún con fuerza su legado: quien me convoca no me ha desvelado su forma, pero sé que es un ser de la madre tierra, no me ha dicho su nombre, pero he escuchado su voz susurrando el mío.

Alénder se encogió levemente de hombros, en un callado gesto de disculpa por no poder detallarle nada más.

Acrishán asintió por segunda vez, pero a diferencia del primero, este gesto fue solemne, con el respeto de quien sabe que trata con invitados: Alaine había llamado a aquel hombre, de la misma manera que en su día la llamo a ella y de igual forma que en el futuro llamaría a otros.

Enfundó la daga en un gesto sutil y dio un paso al frente y con una sonrisa y la mirada brillante hizo un gesto que abarcó el paisaje que quedaba frente a ellos.

-Es un placer darte la bienvenida al Valle de Ónar, Alénder.

El hombre le devolvió la sonrisa y la mirada intensa, porque no podía estar seguro y sin embargo, algo le decía que iba a encontrar en aquellas tierras formas de pensar hermanas a las propias.

Caminaron los tres de vuelta al Valle, para que el guerrero pudiera descansar y tomar una buena comida después de tantas jornadas de viaje.

Mientras regresaban apenas cruzaron palabra: caminaron los tres, dando paso tras paso y sintiendo como nacía en el aire, la magia de lo inexplicable.

Published in: on 19 marzo 2010 at 2:14  Dejar un comentario  
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