Desde una muralla

No tenía pensado llegar tan lejos,
sin embargo, allí estaba.

Y aquel castillo se erguía ante mí imperturbable, como si el tiempo no se decidiera a pasar por sus muros de piedra. Como si la realidad hubiera decidido conceder una tregua en la cima de aquella montaña y regalarnos una ventana al pasado.  

El camino de ascenso no se había hecho tan largo como recordaba, ni tan duro, y con una sonrisa ausente me dije a mi misma que el tiempo alteraba los recuerdos.

 Suspiré y me puse de nuevo en marcha, dispuesta a vencer el último tramo y descansar un poco antes de regresar.

“Ha valido la pena.”

Pensé, cuando al llegar finalmente al antiguo castillo, pude ver entre las ruinas de su muralla un paisaje de montañas y un horizonte de niebla en el que el cielo y el océano jugaban a encontrarse.

Me sonreí y me acomodé entre las piedras desmoronadas: los horizontes como aquel siempre me hacían preguntarme qué habría más allá y soñar con  hombres del pasado, aventuras  y lugares lejanos.

 

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