A música, a monte y a primavera

 

La luz de la tarde temprana se derrama sobre el valle, sobre la montaña y sobre la música de una gaita que sale a saludarla.

Yo observo en silencio, tentada a cerrar los ojos para disfrutar mejor de las canciones que entona mi amiga, pero recelosa de hacerlo porque me privaría de la belleza del paisaje.

La gaitera toca y la montaña parece mostrarse aún más hermosa para darle las gracias por su música. El valle nos devuelve los sonidos y por mi cabeza pasa furtivo el pensamiento de que los corazones son como los valles: devuelven todo lo que reciben.

Es decir, tanto si das cosas malas como cosas buenas, las tendrás de vuelta. Quieras o no, quiera la otra persona o no, de la misma forma que la montaña no puede evitar que las notas que chocan contra sus paredes lleguen de nuevo a nosotras, así obtendrás lo que des.

Luego la forma más efectiva de recibir amor, es darlo.

Me sonrío, divertida de mis propias deducciones, preguntándome qué pensarían todas esas personas que están deseando recibir amor si les dijera que son ellos los que han de dar el primer paso.

Y si aún fuera un poco más lejos y les confesara un secreto que me ha costado unos cuantos coscorrones: que el amor tiene que empezar por uno mismo.

Porque una vez que tú te amas, verdaderamente quiero decir, no a tu ego, a la limitada personalidad del aquí y ahora, sino a lo que eres, a la esencia buena y noble que subyace bajo la superficie y que está deseando que la dejes salir, una vez que te conoces, te quieres y te respetas, que lo hagan los demás es solo cuestión de tiempo.

Suspiro, la canción acaba y desde el silencio de la montaña nos llegan palmas. Me sonrío alegre: los senderistas que escuchan en la distancia y también quieren dar las gracias a mi compañera.

La miro con infinito cariño, a ella y a la otra muchacha que en ese momento sube con agilidad ladera arriba, pronto también ella recibirá el aplauso agradecido de los senderistas.

Y el mío por supuesto, me digo respirando hondo, dando las gracias a la vida, al destino o a quien le toque, por haber puesto en mi camino seres de almas tan hermosas.

Amigas que consiguen que las tardes me sepan a música, a monte y a primavera.

  

Published in: on 12 abril 2010 at 15:26  Dejar un comentario  
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