Conversación entre Rían y Phibeas

[Fragmento situado después de que Ónar tome la decisión de alejarse de Alaine, reacción de Phibeas al enterarse por medio de Rían de este hecho]

-¿Que tú le dijiste qué?-preguntó Phibeas.

El hombre la miró, alzando una ceja ante el tono de voz de la mujer.

-le dije que si no puede cuidarla como se merece, que no vuelva a acercase a ella –repitió Rían.

Phibeas lo miró echando fuego por los ojos.

-¿y tú qué diablos sabes?, ¡quién te crees que eres para decirle nada a un hombre como él! –le espetó.

El guerrero la miró, con el gesto tenso y ocultada a la perfección la sorpresa: hacía mucho tiempo que nadie le hablaba de aquella forma.

-Soy el hermano de Alaine –respondió.

Rían había esperado que aquella declaración apagara un poco los ánimos de la mujer, pero no pareció afectarle en absoluto.

-lo veo perfecto, lo que no sabes “hermano de Alaine”, es que ningún hombre amará más a tu hermana. Hay muy pocos que valgan lo que Ónar y aún menos con su valor y con sus redaños. No conozco a tu hermana, pero puedo asegurarte que conozco lo suficiente a ese guerrero como para decirte que se merece a la mejor de las mujeres.

El conde sentía un escalofrío por la zona de la espalda y una sensación extraña en el pecho, similar a los celos. Pero ¿de qué demonios iba a tener él celos? Si no conocía a esa mujer y si no le importaba en absoluto lo que ella pudiera decirle.

Algo en su interior le gritó la verdad a la cara: tenía celos de quién provocaba en ella esa mirada.

Del fuego y la lealtad con los que defendía al guerrero del norte.

Quería esos ojos brillando de la misma forma por él. No tenía razones, ni motivos, apenas se había cruzado con ella en un par de ocasiones, lo suficiente como para saber que era la compañera de uno de los generales que combatirían junto a ellos en la batalla.

Ni si quiera sabía su nombre.

Y aún así… conocía la manera en la que su boca se movía al hablar, los gestos de sus manos, la tensión y la fuerza que se intuían en sus formas.

 Y el fuego… El devastador brillo de su mirada cuando algo la apasionaba.

No conocía su nombre, pero a decir verdad no le hacía falta, estaba seguro de que la conocía mejor de lo que le gustaría hacerlo.

Cuando terminó de pensar la mujer lo miraba, los rodeaba un silencio helado y el hombre estuvo a punto de sonreír al darse cuenta de que se había quedado mirándola y no había escuchado ni una palabra.

Reprimió esa sonrisa inoportuna y traicionera y se dijo que también hacía mucho que ninguna mujer conseguía aquello.

Para su desgracia, Phibeas no parecía muy contenta con su supuesto logro.

-Eres un patán –murmuró mientras se giraba para salir de la sala en la que solo quedaban ellos.

Rían esta vez no pudo evitar sonreír. En dos zancadas la alcanzó mientras decidía que sus ojos no iban a ser los únicos que se tiñeran de emociones desusadas aquella noche.  

La sujetó del brazo y sintió como los músculos de ella se tensaban bajo su contacto.

-No soy ningún patán muchacha, ¿tan extraño se te hace que un hombre se te quede mirando? –preguntó con voz grave.

Phibeas se liberó del agarre y lo miró, los gestos controlados, la furia fría.

-no me toques, no me digas muchacha, mi nombre es Phibeas y lo que es extraño para mí o no, no es asunto tuyo.

Rían giró levemente la cabeza, qué carácter.

 Alzó las manos en un gesto de consenso y no le costó trabajo imaginarse a sí mismo como un domador que trataba de controlar con sus manos desnudas a una fiera.

Sonrió y estuvo a punto de soltar una carcajada, porque no lo entendía, porque estaba totalmente fuera de lugar, pero tenía unas ganas inmensas de reír. De repente se sentía un muchacho, quería jugar y provocarla, tocar y probarla… y que ella también quisiera.

Algo había cambiado en el aire, era un cambio sutil, de los que pasan desapercibidos fácilmente si no has estado esperándolos y al pasar cambian tu historia.

El hombre lo notó y vio complacido como un estremecimiento la recorría a ella.

Pero nada cambió en los ojos de la fiera, se dijo a sí mismo el domador con gesto triste, había sentido el escalofrío pero este no había significado nada especial para ella, aún no le recordaba.

-Sería sensato que buscaras la manera de que Ónar cambiara de opinión, creo que tu hermana estaría de acuerdo conmigo-murmuró Phibeas con voz serena, mientras se giraba de nuevo y salía finalmente de la sala.

El conde se quedó solo, mirándose la manos, preguntándose–no sin cierta estupefacción- si hubiera sido capaz de controlarlas si Phibeas se hubiera quedado allí a su lado durante más tiempo.

The URI to TrackBack this entry is: https://elvalledeonar.wordpress.com/2010/04/27/conversacion-entre-rian-y-phibeas/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: