El Reino de las Hadas

Sales del sendero y sigues uno de los caminos que ha dibujado el agua sobre la ladera del monte durante los pasados días de lluvia. Giras a la izquierda y te adentras en las matas de espinos, recorres apenas unos metros antes de llegar a uno de los pinos, que oculta entre sus ramas, la entrada a nuestro reino, al Reino de las Hadas.

Tus pies tratan de moverse ágiles y silenciosos sobre las agujas de pino que cubren el suelo, intentando no pisar las numerosas hojas de hiedra, recorriendo la escasa distancia que te separa de tu lugar de descanso.

Al fin te detienes y recuperas el aliento inspirando hondo.

Exhalas.

Puedes sentir en el aire la paz que rodea todo el lugar. Tus ojos se ven a la vez, luminosos y sombríos, has traspasado nuestras puertas, pero has permitido que los problemas del mundo exterior sigan tu rastro y las traspasen contigo.

Yo lo sé y sé que tú también lo sabes, porque te tumbas en el suelo y esperas hasta que tus pensamientos se acallan, hasta que tu mente se silencia.

En ese estado puedes vencer a los problemas, puedes verlos sin disfraces y percatarte de que son efímeros y de que en la mayoría de los casos, no se deben a situaciones externas sino a tus sentimientos, a tus reacciones frente a dichas situaciones.

 Tu mirada viaja por los árboles, les envidias su quietud, su calma, su balanceo suave y sereno al viento. Te dices que deberías ser como ellos, que no deberías dejar que las cosas te perturbasen ni provocar en ti misma sentimientos negativos.  

Porque algo te dice, tanto allí en la ciudad, como aquí en tu patria perdida, que el tiempo dispondrá, que lo que tenga que ser será y lo que no haya de ser… pues adiós y buena suerte.

Al alzar la vista sonríes un poco, pensando que estos pinos son altos y notando que muchos de ellos están cubiertos de enredaderas hasta sus copas.

Con el juego de verdes que el sol provoca sobre las hojas de hiedra y el suave movimiento de la brisa, aquellos árboles parecían brillantes columnas del templo del dios del viento.

Sonríes de nuevo, un pequeño cachorro acurrucado en el suelo y miras al cielo.

 A un cielo que no era tal, ya que se había visto convertido en el marco de un mundo de puentes creados por las plantas trepadoras.

                          

La perdiz canta entonces a lo lejos, en la pinada que queda a nuestra izquierda y los pajarillos de silbidos alegres se cruzan volando joviales sobre nuestras cabezas.

Escuchas a la perdiz e emitas su canto, al poco escuchas su respuesta y un escalofrío te recorre los brazos: es difícil sentirse solo cuando uno puede hablar con los pájaros.

Escondido ahora soy yo quien sonrío, antes tu cuerpo había traspasado las puertas, ahora tu alma comienza a conectar de nuevo con la naturaleza.

 Y se nota en tu rostro que los problemas que te aquejaban quedan ahora lejos: sientes que en aquel refugio de árboles y tierra no hay lugar para la melancolía o la tristeza.

Un vencejo se detiene a mi lado y al levantar de nuevo el vuelo atrae tu mirada hacia mí. Me apresuro a esconderme y me digo con una media sonrisa, que es una suerte que tus ojos aún no hayan aprendido a mirar o me habrías descubierto.

Pero me intuyes, me lo dice la sonrisa traviesa que se dibuja en tus labios y al mirar a tu alrededor se que piensas que aunque no estás en otro planeta, decididamente estás en otro mundo.  

En uno en el que no te sientes forastera, en el que no hay fronteras, ni dentro ni fuera de ti misma.

La luz comienza a agotarse, el sol se esconde tras la montaña recortando en su descenso la silueta de un antiguo castillo.

Ha llegado la hora de tu marcha muchacha, me digo suspirando, porque te vas cuando llega la noche con toda su magia. Ojalá llegue pronto el momento en el que decidas quedarte a ver con nosotros las estrellas, a compartir el silencio quebrado a ratos por los pájaros nocturnos… ojalá el encanto y la belleza de nuestro mundo consigan persuadirte y un día vengas para no abandonar jamás, el Reino de las Hadas.

                                     

Published in: on 6 mayo 2010 at 19:45  Dejar un comentario  
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