En busca de una algóloga…

¿Qué es el dolor?

Si lo buscas en un diccionario, te encontrarás algo parecido a esto:

“Es una experiencia sensorial (objetiva) y emocional (subjetiva), generalmente desagradable, que pueden experimentar todos aquellos seres vivos que disponen de un sistema nervioso”.

Y te sonreirás a ti mismo sin mucho ánimo, mirando la definición y pensando que realmente no se ajusta demasiado bien a esa sensación lacerante y opresiva, que hace que te cueste respirar, que los ojos se te llenen de lágrimas en el momento más inoportuno y que provoca que no quieras levantarte de la cama cuando se hace de día.

A ti realmente te hubiera gustado encontrar una solución mágica, algo sencillo que tú simplemente ignorabas y que conseguiría que volvieras a sentir alegría de nuevo.

Y los que lo habéis conocido, ahora mismo me estaréis mirando divertidos.

Ya, ya… vosotros ya sabéis que no existen fórmulas mágicas. Que no hay ningún brebaje azul turquesa, confinado dentro de una pequeña botellita, y que al deslizarse garganta abajo arrastre consigo los momentos malos y buenos.

Que se lleve la desilusión, el orgullo herido, el desengaño, las promesas que nunca se verán cumplidas…. y los momentos tiernos, felices, llenos de risas, pasión y ternura.

Vaya, qué fastidio.

¿Podía existir, verdad?

En cambio uno debe ser maduro, mirar la vida con una objetividad casi filosófica y decirse -y creérselo, esa es una parte importante en todo este asunto- que cuando las cosas no salen, es porque no tenían que salir y que seguro que la vida nos tiene algo mejor preparado a la vuelta de la esquina, si somos capaces de crecer y aprender de lo vivido.

Lo sé, dan unas ganas increíbles de echarse las manos a la cabeza.

Después de esa reflexión comienza el divertido juego de distraerse. De pensar, hacer y volcarse en cualquier otra cosa que no sea en el vacío inmenso que amenaza con devorarte desde dentro.

Ninguno pensaba que después del amor llegaran los agujeros negros ¿eh?

Suspiro, me sonrío.

En alguna parte leí que el dolor era inevitable, pero que el sufrimiento era opcional.

Al principio no lo entendí, ahora me da qué pensar.

El sufrimiento es la reacción de cada uno ante el dolor, o ante una circunstancia cualquiera. Por eso, si logras creer que cada cosa tiene su “tiempo de vida”  y que has de utilizar esa experiencia para evolucionar como ser humano… parece que todo duele un poquito menos.

Aún así, tenía un amigo que decía que el dolor era como un invitado borracho: cuando parece que se ha marchado, vuelve a darte un último abrazo…

¿Ya sabéis, no?

Cuando te armas a ti mismo de convencimiento y valor, te dices todas las frases de ánimo habidas y por haber: ¡Eres fuerte, lo has superado! y sales al mundo y de repente, te encuentras con esa persona, la miras a los ojos, y descubres con impotencia que a pesar de todo, te sigues muriendo de ganas por un mísero abrazo.

Supongo que el tiempo también juega su parte, y que está claro que uno elije: puedes aferrarte y vivir en el pasado, ahogado en recuerdos y tristeza, o mirar hacia delante, encogerte de hombros, y decirte que la persona adecuada está en algún lugar deseando encontrarte.

Yo por si acaso, seguiré buscando una algóloga, seguro que dentro de mí misma, entre tanto trasto, debo de tener alguna…

 

 

Published in: on 31 julio 2011 at 22:12  Dejar un comentario  
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