Duelo de mariposas

Un atardecer de invierno, sobre una colina, diez músicos entonaban una muñeira.

Otros tantos mirábamos, llenándonos los sentidos y el corazón de música y de montaña.

A lo lejos se intuía el mar.

Era tan hermoso estar allí, y reír y sentir como el sonido de las gaitas te atravesaba, limpiándote. Observar cómo dos mariposas volaban en círculos alrededor de los músicos, haciendo requiebros en el aire al compás de las canciones.

En ese momento me sonreí, porque no pude evitar pensar que sabía lo que estaban sintiendo.

 

 

Después de unas cuantas piezas el sol se puso y nos dejó a solas con una noticia sombría: el día había decidido acabar con crespones negros.

Ay, amiga…

Y a falta de palabras que no sonaran vacías, dejé que mi corazón latiera un “me tienes aquí” al atraparte en un abrazo.

 

Antes de marcharnos volvimos a ver a las mariposas… y a pesar de todo me sonreí un poco.

Quizás suene extraño, pero tuve de nuevo la sensación de saber qué estaban sintiendo: antes habían bailado compartiendo nuestra alegría… ahora, describiendo círculos amplios y lentos, parecían volar en señal de duelo.

Fuera o no así… les agradecí en silencio el gesto.

 

Published in: on 8 diciembre 2011 at 19:44  Dejar un comentario  
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